Me parece un poco osado por mi parte contribuir a la celebración de las bodas de oro, pero se me ha ocurrido que a lo mejor , leer algo como esto podría ser bonito.
¡50 años! Lo primero que viene a mi mente es, “¿Quién se merece el trofeo? ¿El o Ella?”
Celebrar 50 años de matrimonio es algo extraordinario. Muchos, créanlo o no, llegan; pero llegan distanciados y emocionalmente separados. Duermen en camas diferentes, viven en la misma casa, pero no hablan o comparten buenos momentos. Permanecen juntos, no porque se aman, sino por los hijos o por lo que otros vayan a pensar. Nosotros, sin embargo, hemos visto en Antolín y Conchi un amor sincero, que les sostiene cada día y les ayuda a mirar adelante. Sirven como apoyo el uno del otro, y son, sin duda, mejores amigos.
Es particularmente grato celebrar unas bodas de oro precisamente en estos momentos, en que las estadísticas sobre matrimonios rotos o en trance de romperse son para desanimar a cualquiera.
Antolín y Conchi son una pareja que se quiere. Un matrimonio que no se va a romper nunca porque ninguno de los dos quiere romperlo. No es que no hayan discutido nunca, ni que nunca hayan tenido problemas. Es más: sé que han discutido, sé que han tenido diferencias, sé que hay cosas sobre las que tienen distintos puntos de vista. Pero también sé que el uno y la otra han cedido muchas veces, han pasado por alto las faltas del otro, han comprendido sus defectos.
Tengo la impresión de que gran parte del secreto de estos matrimonios duraderos es el de permanecer enamorados. Por una parte, han cuidado cada uno de no dispersar sus afectos, de no beber en otras fuentes; y, por otra, han tenido durante cincuenta años, día a día, la permanente decisión de enamorar al otro, demostrando su entrega en cosas grandes y en detalles pequeños. Una vez más, la vida nos demuestra que un matrimonio puede durar toda la vida. Que todo tiene arreglo. Que podrá costar, que podrá doler, que implicará negaciones, pero se puede completar una vida de amor, con un resultado maravilloso.
Estoy de acuerdo con lo escrito por Nuria, a lo que añadiria que el verles a ellos como aguantan a pesar de los años y como tiran para adelante, hacen que nosotros sus hijos (incluido politicos por supuesto) queramos permancer juntos apoyandonos como hacen ellos e intentar vernos reflejados en sus logros. O quizas siendo parte de esos logros e intentar a la vez transmitir eso a nuestros hijos.
Me parece un poco osado por mi parte contribuir a la celebración de las bodas de oro, pero se me ha ocurrido que a lo mejor , leer algo como esto podría ser bonito.
ResponderEliminar¡50 años! Lo primero que viene a mi mente es, “¿Quién se merece el trofeo? ¿El o Ella?”
Celebrar 50 años de matrimonio es algo extraordinario. Muchos, créanlo o no, llegan; pero llegan distanciados y emocionalmente separados. Duermen en camas diferentes, viven en la misma casa, pero no hablan o comparten buenos momentos. Permanecen juntos, no porque se aman, sino por los hijos o por lo que otros vayan a pensar.
Nosotros, sin embargo, hemos visto en Antolín y Conchi un amor sincero, que les sostiene cada día y les ayuda a mirar adelante. Sirven como apoyo el uno del otro, y son, sin duda, mejores amigos.
Es particularmente grato celebrar unas bodas de oro precisamente en estos momentos, en que las estadísticas sobre matrimonios rotos o en trance de romperse son para desanimar a cualquiera.
Antolín y Conchi son una pareja que se quiere. Un matrimonio que no se va a romper nunca porque ninguno de los dos quiere romperlo. No es que no hayan discutido nunca, ni que nunca hayan tenido problemas. Es más: sé que han discutido, sé que han tenido diferencias, sé que hay cosas sobre las que tienen distintos puntos de vista. Pero también sé que el uno y la otra han cedido muchas veces, han pasado por alto las faltas del otro, han comprendido sus defectos.
Tengo la impresión de que gran parte del secreto de estos matrimonios duraderos es el de permanecer enamorados. Por una parte, han cuidado cada uno de no dispersar sus afectos, de no beber en otras fuentes; y, por otra, han tenido durante cincuenta años, día a día, la permanente decisión de enamorar al otro, demostrando su entrega en cosas grandes y en detalles pequeños.
Una vez más, la vida nos demuestra que un matrimonio puede durar toda la vida. Que todo tiene arreglo. Que podrá costar, que podrá doler, que implicará negaciones, pero se puede completar una vida de amor, con un resultado maravilloso.
Es muy bonito y de osado nada, cualquier colaboracion es bien recibida y más si es como esta. ;-)
ResponderEliminarEstoy de acuerdo con lo escrito por Nuria, a lo que añadiria que el verles a ellos como aguantan a pesar de los años y como tiran para adelante, hacen que nosotros sus hijos (incluido politicos por supuesto) queramos permancer juntos apoyandonos como hacen ellos e intentar vernos reflejados en sus logros. O quizas siendo parte de esos logros e intentar a la vez transmitir eso a nuestros hijos.
ResponderEliminar